Autor: Alan Martínez
La memoria nos ayuda a recordar aquellas cosas que ya no están, que se han perdido, o a ser conscientes de los cambios sufridos en los objetos, las culturas, las sociedades, etc. Esta misma memoria nos hace evocar todas aquellas vivencias que en algún momento experimentamos y ahora añoramos, o nos trae momentos desagradables de nuestra vida o de la sociedad. Y es precisamente esta memoria, o estos recuerdos, los que son utilizados por la política para implementar sus ideas y sus regímenes, o incluso sus dictaduras.
Imágen I: Fachada Original del edificio de "la cerve". Foto: Internet
La memoria también nos lleva a crear un patrimonio cultural, el cual es "así todo aquello que reconocemos, valoramos y deseamos conservar de ese pasado y de esa historia… pues el reconocimiento y valoración de este patrimonio debe garantizar, nada más y nada menos, que la posibilidad del mantenimiento de nuestra identidad histórica como comunidad humana" (Ibañez, 2014, p. 8). Este patrimonio es el legado de las sociedades antiguas, y es deber de las sociedades actuales mantenerlo y preservarlo para las futuras generaciones. Son disciplinas como la historia, la arqueología, la historia del arte o la antropología las encargadas de mantener, cuidar y preservar dicho patrimonio. En muchas ocasiones, los fines políticos y las emociones se involucran con el patrimonio cultural, lo que en ocasiones lo pone en riesgo de ser destruido, eliminado de la historia o, en otros casos, ser objeto de lucro, por ejemplo, al convertirse en un sitio turístico.
La idea de patrimonio cultural se ha transformado y diversificado, y ahora tenemos ramas como el patrimonio natural o paisaje cultural, el patrimonio vivo, el patrimonio inmaterial, las tradiciones y conocimientos populares, el patrimonio genético o el patrimonio ético (Ibañez, 2014, p. 11). Hoy en día, casi cualquier cosa se puede convertir en patrimonio si un grupo de personas así lo decide.
Imágen II: Edificio de la "Cervecería Cruz Blanca" Foto: Internet.
Como la mayoría de los habitantes de la ciudad de Chihuahua, hemos visitado la Cerve (Drive-in) para pasar un rato con los amigos o la familia. Sin embargo, al realizar una prospección para examinar el lugar con mayor profundidad y detalle en las estructuras que aún quedan en pie, se observa cómo las áreas se han modificado para hacerlas más amplias. Los edificios donde se elaboraba, envasaba y almacenaba la cerveza también fueron adaptados para convertirlos en antros o cantinas, por lo que el lugar se ha vuelto, hasta cierto punto, irreconocible en comparación con cómo era en sus inicios. Incluso la fachada original ha sido tapada por nuevos establecimientos o modificada para otorgarle una apariencia más moderna y acorde al ambiente de fiesta, lo que provoca que pierda todo su aspecto histórico.
Uno de los principales problemas es que el lugar se ha transformado y alterado tanto que ya no se percibe como un sitio histórico de más de cien años. Esto ocasiona que la gente pierda la verdadera identidad del lugar para adoptar una totalmente nueva. Si bien al final lo que prevalece es el beneficio monetario al convertirlo en un sitio para la fiesta, se diluye por completo la memoria colectiva. Y así como este, muchos edificios históricos en la ciudad y en otras ciudades ven modificado el uso de su espacio —lo cual no tendría por qué ser negativo en sí mismo—, pero se debería conservar un poco de esa gran historia que tuvo la Compañía Cervecera de Chihuahua.
Hablemos un poco de la historia de la cervecería. Nos remontamos al 8 de febrero de 1896, cuando fue constituida con un capital de 250 mil pesos, el cual fue aportado casi en su totalidad por empresarios, políticos en turno y banqueros de la localidad, entre los que se incluían los señores Juan Terrazas, John Brittingham y Enrique Creel.
Imágen III: Ilustración de la Cervecería Juárez. Ilustración: internet
La Compañía Cervecera de Chihuahua ofrecía tres marcas de cerveza: Cruz Blanca, Chihuahua y Austríaca (podian existir otro tipo de marcas de temporada y de especialidad). La fuerza de ventas de la cervecería abrió una serie de agencias de ventas y rutas comerciales para que estas tres marcas tuvieran presencia en todos los estados de la república. A través de Tampico, Tamaulipas, se distribuía vía marítima a todo el Golfo de México; por la aduana fronteriza de Cd. Juárez se exportaba a Estados Unidos; mediante el ferrocarril se cubría toda la franja fronteriza, desde Tijuana, Baja California, hasta Nuevo Laredo, Tamaulipas, y el centro del país; y desde Nogales, Sonora, se distribuía hacia todo el Pacífico mexicano. El éxito y la demanda de estas tres marcas de cerveza se debieron a tres factores: la alta calidad de la cerveza, su buen precio y una muy buena distribución. El consumidor la encontraba disponible en todo el país y durante todo el año.

Imágen IV: Etiqueta original para botellas de vidrio. Foto: Internet.
Para 1899, a solo tres años de su fundación, la Compañía Cervecera de Chihuahua ya dominaba completamente el mercado nacional y a toda la industria cervecera mexicana, con una producción anual de 6,700,000 litros de cerveza. Su más cercano competidor, la Compañía Cervecera Toluca y México, S.A., producía 2,000,000 de litros; el tercer competidor más cercano, la Cervecería Sonora de Hermosillo, alcanzaba 1,500,000 litros; después se situaba la Cervecería Moctezuma de Orizaba, S.A., con 1,440,000 litros de cerveza, y en quinto lugar, la Cervecería Cuauhtémoc de Monterrey, S.A., con una producción de 1,250,000 litros de cerveza por año. Con este panorama, los empresarios cerveceros de Monterrey se propusieron levantar su cervecería y hacerle una competencia real a la Cervecería de Chihuahua.
En 1905, en medio de esa ruptura, la Cervecería Cuauhtémoc de Monterrey, en un afán desesperado por generar competencia a la Cervecería de Chihuahua, lanzó con bombo y platillo su Cerveza Bohemia, una cerveza de mucha calidad, pero no era barata. Por ello, aunque se mantuvo en el mercado, no funcionó como una competencia real.
Imágen V: Imágen actual de edificio y cisterna tipo torre en "la Cerve".
Por su parte, la Compañía Cervecera de Ciudad Juárez, con sus marcas Juárez y Richelieu, se sostenía bien en el mercado fronterizo. Los empresarios cerveceros de Chihuahua buscaron la forma de invertir y hacerse socios de dicha cervecería, o de ser posible, comprarla. Sin embargo, en 1920 se estableció en Estados Unidos la "Ley Seca", que prohibió el alcohol en dicho país durante trece años. Esta ley trastocó por completo la vida y las actividades en Ciudad Juárez; florecieron bares y cantinas por todos lados, donde a diario ciudadanos estadounidenses, además de los mexicanos, acudían a emborracharse ante la imposibilidad de hacerlo en su país. Esto trajo como consecuencia para la ciudad, además de los ríos de alcohol, la prostitución y la venta indiscriminada de drogas.
Para principios del siglo XX, el mercado cervecero nacional había cambiado de manera radical. En 1925 había aparecido la Cervecería Modelo de México y, junto con la Cervecería Cuauhtémoc de Monterrey, se habían apoderado del mercado nacional. Modelo acaparaba el mercado del centro y sur del país, mientras que Cuauhtémoc dominaba del centro hacia el norte del territorio nacional. Lo habían logrado a base de comprar cervecerías locales y fusionarlas a su conglomerado. Sin embargo, para 1960, las cervezas Cruz Blanca y Listón Azul comenzaban ya a adueñarse del mercado del norte, desde Baja California, Sonora, Chihuahua, Durango, Coahuila, Tamaulipas y Zacatecas, así como el mercado de toda la frontera sur de Estados Unidos, desplazando a las marcas insignia de Cuauhtémoc: Carta Blanca y Tecate.
Imágen VI: Partes de maquinaria utilizada anteriormente para la elaboración de cerveza (actualmente es exhibida en el Drive-in).
En 1983, la Cervecería Cuauhtémoc comprendió de manera definitiva que, a nivel de calidad y comercial, no podía competir con la Cervecería Cruz Blanca y Listón Azul. Por ello, decidió de una vez por todas comprarla al precio que fuera, con el fin de eliminar una competencia que se había levantado de sus cenizas y les estaba volviendo a comer el mercado.
Al momento de cambiar de dueños, la imagen de la cerveza Cruz Blanca y la cerveza Chihuahua se modificó, dotándolas de un parecido a la cerveza insignia de Cuauhtémoc: la Carta Blanca.
A lo largo de este recorrido por la historia de la Compañía Cervecera de Chihuahua y su emblemático edificio, "la Cerve", se evidencia un conflicto recurrente en las sociedades contemporáneas: la tensión entre la conservación del patrimonio histórico y las dinámicas del desarrollo urbano, el comercio y el entretenimiento.
Imágen VII: Botella de media. Imágen: The Beerdaily.
Esta entrada nos muestra cómo un espacio que fue punta de lanza en la industrialización del norte de México —con una producción que dominó el mercado nacional a finales del siglo XIX— se ha transformado paulatinamente en un lugar de esparcimiento nocturno. Este cambio de uso no es negativo por sí mismo; las ciudades están vivas y los espacios deben adaptarse a las nuevas necesidades. Sin embargo, la reflexión profunda surge cuando observamos que, en ese proceso de adaptación, se ha diluido la memoria del lugar. La fachada original tapada, los edificios modificados sin consideración histórica y, sobre todo, el desconocimiento del valor histórico de algunas personas que acuden la lugar, son síntomas de una desconexión entre el presente y el pasado.
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